Turquía vota: el AKP puede
no ser Hamas, pero su ideología sí mata inocentes
por Stephen Schwartz
LA REELECCIÓN EN TURQUÍA del
primer ministro del AKP (Partido Justicia y Desarrollo) en el poder, Recep Tayyip Erdogán,
ha dado nuevos bríos al discreto debate en Washington a propósito de los
partidos islámicos extranjeros que afirman respetar el secularismo y la
democracia. Pero para el AKP -- no menos que para sus rivales en las
estructuras estatales militar y secular turcas -- el elemento positivo que brilla
por su ausencia en sus concepciones es el pluralismo más que la política u las oraciones.
Turquía está dividida hoy
entre dos formas de intolerancia: un elemento secular que solamente acepta el
islam bajo supervisión estatal estricta, y una formación religiosa que
restringe de igual manera su aprobación al sunnismo.
Ninguna respeta a las minorías de Turquía: los heterodoxos musulmanes Alevi, que tienen miedo del AKP porque les excluye; los
kurdos, cuya situación es peligrosa para Irak y la coalición encabezada por
Estados Unidos allí, así como para la propia Turquía; la reducida población
ortodoxa griega, que sufre la reducción de sus funciones religiosas más
elementales, o los armenios, que aún reclaman la verdad acerca de las
deportaciones y las masacres que sufrieron a finales de la Primera Guerra
Mundial.
A muchos críticos
norteamericanos les gustaría ver emerger partidos "islámicos
democráticos" por el mundo musulmán -- notablemente en Egipto, con la
supuesta opción del acomodamiento norteamericano a la Hermandad Musulmana.
Tanto el AKP de Erdogán como la Hermandad Musulmana
egipcia (siendo la segunda el padrino de Hamas entre
los palestinos) dicen lo adecuado. Dicen optar por las urnas en lugar de por
las balas, y puesto que elecciones y renuncia a la violencia son palabras que a
los americanos les encanta escuchar, la posibilidad de apoyar a partidos que
representan una ideología islamista "tibia" resulta atractiva para
muchos en Washington.
Además, la estridente
retórica y la herencia militarista del secularismo turco parecen culpar al
islam como fe de los problemas de la política turca, lo que funciona bastante
bien entre algunos sectores de la opinión occidental pero es una concepción
arriesgada si las democracias occidentales pretenden derrocar a los radicales
dentro de los países musulmanes. Nadie que sea serio en el bando de la libertad
ha sugerido que la coalición en Irak encabezada por Estados Unidos debería
hacer de la erradicación del islam su objetivo estratégico.
Y finalmente, al depositar
sus papeletas, muchos turcos votaron al AKP porque después de más de 75 años de
secularismo obligatorio, se sienten agraviados por culpa de aquellos que
juraron expulsar la religión de la esfera pública y extirpar las antiguas
costumbres y moralidad de los otomanos, creando una nación moderna y eficaz,
pero que después fracasaron a la hora de cumplir sus promesas de transparencia
y prosperidad. Turquía terminó con un ejército dado a la violencia, una policía
famosa por su extrema corrupción, y un enfrentamiento político encarnizado
entre nacionalistas de extrema izquierda y nacionalistas de extrema derecha. Lo
peor de todo, el ejército turco conserva "su derecho" a derrocar a
los gobiernos que desapruebe, lo cual a duras penas resulta ejemplar desde el
punto de vista democrático.
Habiendo confiado en los
seculares, que no cumplieron nada, muchos turcos quieren dar a los fieles
religiosos una oportunidad en el gobierno. Y el AKP, en su propaganda
electoral, no pide más que una oportunidad para administrar el estado existente
de una manera más limpia y consciente. Sus funcionarios y apologistas niegan
profusamente cualquier intención de introducir la sharia
-- fuente de horror literal para muchos turcos -- o expandir de cualquier
manera el papel de la mezquita en la vida turca.
¿Pero cumplirán lo que dicen
los "demócratas islámicos" del AKP? La pregunta es peliaguda en
Turquía, porque la combinación de factores inestables de ese país significa que
no se puede dar por seguro ningún resultado.
Los partidarios del AKP
comparan su movimiento con los partidos de base cristiana de Alemania, Austria
y los Países Bajos, que tienen excelentes historiales de fidelidad a la
democracia -- pero que también son producto de, y por, compromisos entre
iglesias. Los Democristianos alemanes y el Partido Popular austríaco surgieron
en respuesta a los movimientos sindicalistas socialistas, y reconocieron que adoptaron
muchos de los principios programáticos de la izquierda. Los partidos religiosos
holandeses nacieron de la reconciliación nacional entre protestantes y
católicos.
No hay a la vista ningún
compromiso así entre el AKP, el ejército y los civiles seculares, o lo que es
más importante, entre las minorías étnicas o religiosas de Turquía y de haber
sucedido algo, es que las costumbres nacionalistas turcas comunes y sunnismo-céntricas tanto del ejército secular como del AKP
se han agravado.
Ni los secularistas
militares ni el AKP van a reconocer los derechos de la enorme minoría alevi, cuya fe combina la espiritualidad sunita y la chiíta con la antigua cultura turca. Antes de que el AKP
llegase al poder, el Diyanet
secular (Administración de Asuntos Religiosos del Estado) construía mezquitas y
homologaba imanes para los sunitas, pero no daba dinero para que los alevi construyesen sus casas de congregación, conocidas
como cemevi,
o para formar a sus clérigos. En esa materia no existe diferencia entre los
seculares y el AKP.
Ni el ejército secular ni el
AKP han propuesto conceder su papel tradicional al Patriarca Ecuménico, Bartholomaeus I, que representa a los creyentes cristianos
ortodoxos y está radicado en Estambul. Se exige que el Patriarca sea ciudadano
turco, y tiene deberes oficiales extraordinariamente limitados dentro de la
República. Un seminario de formación con editorial griego ha sido clausurado.
Los seculares mantienen esta política por desagrado hacia toda forma de
religión, así como por nacionalismo turco. Es dudoso que los sunitas del AKP se
apresuren a aliviar a la reducida comunidad de cristianos griegos.
Ni los seculares del
ejército ni el AKP han manifestado ningún interés en resolver la cuestión del
sufrimiento armenio histórico en Turquía. El novelista Orhán
Pamuk mencionaba los sucesos armenios al escribir y
era amenazado con un juicio público - por el gobierno del AKP.
Y final, y más
peligrosamente, ni el ejército secular ni el AKP han dado señales de
disposición ninguna a reconocer los derechos étnicos de la gigantesca población
kurda del país. La tradición militar secular sostiene que en Turquía solamente
hay turcos, y los kurdos son todos terroristas secesionistas; cualquiera que
defienda al kurdo es etiquetado de radical marxista. Han sido enviadas tropas
turcas a la frontera del Kurdistán iraquí, y tanto el ejército como el AKP han
adoptado un tono amenazador hacia la coalición encabezada por Estados Unidos,
que podría dar lugar inevitablemente a un intercambio de disparos. Tanto el
ejército como el AKP vienen alimentando cada vez más la propaganda
antiamericana.
Los políticos sunnismo-céntricos del AKP pueden no ser igual que Hamas, pero su ideología sí mata gente, al igual que el
ejército secular turco. En una fecha nunca olvidada por los alevi
kurdos y turcos, un ataque popular sunita contra un hotel donde tenía lugar un
acto cultural alevi en la ciudad de Sivas en 1993
dejó 37 muertos. Después de años de atrocidades oficiales contra los kurdos
dentro de Turquía, el ejército turco ahora dispara su artillería contra el
norte de Irak. Es difícil informar con precisión sobre alevis
o kurdos, porque Turquía reduce su número sistemáticamente. Mientras que las
cifras oficiales afirman que Turquía es sunita en un 99%, los alevi compondrían entre el 20 y el 33% de la población,
dependiendo de la fuente de las estadísticas de población, es decir, entre 15 y
25 millones de personas.
Para que Turquía sea una
nación moderna y respetable, va siendo hora de que abandone toda forma de
política ideológica: secularismo militarista, definición ultranacionalista de los
derechos, y sunni-centrismo. Turquía necesita un
gobierno del que no haya dudas, porque se mantendrá al margen e intentará curar
-- en lugar de capear y agravar -- sus peligrosas diferencias. El AKP no puede
brindar tal gobierno.
STEPHEN SCHWARTZ (Suleiman Ahmed
Schwartz) es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico
de Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus
subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos
caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday).