www.abc.es/20070818/opinion-firmas/conexion-saudi-irak_200708180248.html
La conexión saudí con Irak y con todas partes: el terrorismo
prospera con dinero saudí
por Stephen Schwartz
CASI SEIS AÑOS DESPUÉS del 11 de septiembre de 2001 y más de
cuatro años desde el comienzo de la intervención en Irak encabezada por Estados
Unidos, el gobierno y los medios progresistas han comenzado a admitir algo que
todo musulmán informado y honesto del mundo ha sabido todo el tiempo.
Verbigracia: la "insurgencia sunita" de Irak, así como el 11 de Septiembre y
ciertos actos de violencia extremista sunita dentro del Irak antes de eso, son
consecuencia de la posición oficial de la secta ultra fundamentalista wahabí en
Arabia Saudí, el vecino de Irak al sur. Los clérigos wahabíes saudíes han
predicado y reclutado para el terror en Irak; el dinero saudí los sostiene; la
mayor cifra de aquellos que han perpetrado atentados suicida al norte de la
frontera saudí-iraquí han venido siendo ciudadanos saudíes.
El viernes 27 de julio, el Washington Post y el New York
Times informaban sobre los vínculos entre Arabia Saudí y el terror wahabí en
Irak, empleando su lenguaje usual cauteloso y educado al tratar al reino del
desierto. El Post publicaba una noticia de Reuters reciclada del reportaje del
Times, achacando el problema de la desconfianza saudí a la administración iraquí
de dirección chiíta del Primer Ministro Nouri al-Maliki
y a las dificultades resultantes que afrontan Condolizza Rice y
Robert Gates al visitar a los saudíes esta semana. Siete párrafos más abajo, la
noticia citaba al Times al hablar del verdadero problema: "Los saudíes habrían
ofrecido apoyo financiero a grupos sunitas en Irak, y los funcionarios
norteamericanos están cada vez más preocupados acerca del papel
'contraproducente' en Irak de su cercano ‘aliado’ árabe”.
“Contraproducente” es el eufemismo de subvenciones estatales
saudíes a los clérigos wahabíes que exigen el genocidio de los musulmanes
chiítas, que instan a los hombres a acudir al norte a inmolarse con ese
fin, y que predican elogios después de sus muertes. También es el modo
diplomático de describir la política oficial saudí de ignorar las contribuciones
financieras de los ricos ciudadanos saudíes destinadas a apoyar el terror wahabí
en Irak. Otros llamarían a tal comportamiento acto de guerra más que actos
"contraproducentes" sencillamente.
El propio Times, en un artículo de Helene
Cooper, observada además, "De los entre 60 y 80 guerrilleros extranjeros que
entran en Irak cada mes, funcionarios y militares americanos de Inteligencia
afirman que casi la mitad proceden de Arabia Saudí, y que los saudíes no han
hecho suficiente por impedir el flujo”.
Funcionarios de la administración, informaba el diario, "se
manifiestan bajo la condición del anonimato porque están seguros de que criticar
abiertamente a Arabia Saudí alienaría aún más a la familia real saudí". A
continuación llegaba la desagradable verdad: "la mayoría de los terroristas
suicida en Irak proceden de Arabia Saudí [y] alrededor del 40% de todos los
guerrilleros extranjeros son saudíes. Los funcionarios dicen que mientras que la
mayor parte de los guerrilleros extranjeros llegan a Irak para convertirse en
terroristas suicida, otros llegan como fabricantes de explosivos,
francotiradores, financieros o expertos en logística”.
Mientras tanto, el Wall Street Journal
publicaba informaciones "reveladoras" sobre el Banco Al Rajhi, una
de las principales entidades financieras del reino del wahabismo, gran parte de
las cuales llevan varios años extendiendo cheques. Los descubrimientos "frescos"
incluyen el papel del Banco Al Rajhi a la hora de catalizar las operaciones del
fundamentalismo saudí. Pero el Journal reconoce que el nombre Al
Rajhi aparecía en un documento que muchos occidentales son reacios
a tomarse en serio, la lista de "la cadena de oro" de donantes financieros de Al
Qaeda incautada por las autoridades bosnias en Sarajevo y entregada en el 2002
al gobierno de los Estados Unidos.
Aún así, ni siquiera el Journal parece haber
notado que Suleiman Abdul Al-Aziz, del sistema
financiero Al Rajhi, también creó la Fundación SAAR, objeto de la
operación federal norteamericana conocida como GreenQuest que
desarticuló un nido de entidades islamistas en el norte de Virginia en el 2002.
¿Por qué ha habido un interés mediático tan remoto en el
papel del dinero saudí y su influencia en Irak y en todas partes? La mejor
explicación es la cooperación mediática con la predilección oficial
norteamericana por "la influencia discreta entre bambalinas" que una
administración tras otra han utilizado por defecto a la hora de tratar con los
problemas saudíes, y que los saudíes explotan para continuar con su estilo
engañoso.
Saudíes e iraquíes, incluso con medios propios imperfectos,
están mucho mejor informados. He aquí lo que ellos han venido leyendo.
Esto también es simplemente la punta del iceberg de un largo
inventario de informaciones así difundidas en el mundo musulmán. Nadie puede
decir que los saudíes, los iraquíes o los demás musulmanes no sabemos quién
organiza y financia el terror wahabí en Irak.
Ninguna de estas "revelaciones" recientes debería sorprender
a nadie. En el 2002, el Weekly Standard informaba sobre la red
financiera Al Rajhi y el terrorismo; en el 2003, sobre la inyección saudí de
radicales wahabíes en Irak, incluyendo la publicidad en los medios saudíes sobre
sus muertes en defensa de Saddam Hussein y sobre la implicación saudí en las
operaciones de combate contra la coalición encabezada por Estados Unidos en
Faluya; en el 2004 informaba sobre el apoyo financiero general
saudí al terror en Irak, y aún más acerca de la implicación saudí en la lucha
por Faluya.
Sigue quedando en el aire una pregunta: ¿Cuantos americanos y soldados de la coalición, así como iraquíes inocentes, más serán asesinados antes de que los saudíes sean obligados a poner fin a su apoyo al terrorismo en Irak?
STEPHEN SCHWARTZ (Suleiman Ahmed
Schwartz) es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington
y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus subdivisiones y
diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam:
fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday).