por Stephen Schwartz 

El domingo 15 de julio, el Washington Post publicaba un artículo que supone un hito en su historia -- reconocidamente inconsistente -- de legitimar a islamistas radicales. Firmado por la redactora Michelle Boorstein, se titulaba "De los jóvenes musulmanes, un impulso hacia el cambio". La reportera cubría una reunión, titulada de manera rimbombante Cumbre Nacional de Jóvenes Musulmanes Americanos, y patrocinada en Washington a lo largo del fin de semana por el Consejo Musulmán de Asuntos Públicos (MPAC). 

Como observaba Boorstein, el MPAC, de todas las organizaciones que presionan en apoyo a la ideología islamista en los Estados Unidos, es la que ha tenido el acceso más sustancial y constante a funcionarios federales y demás funcionarios del gobierno. El Post pregonaba a los cuatro vientos el papel del Consejo como consejero de las autoridades, describiéndolo como "poseedor de los vínculos más estrechos con las fuerzas del orden y la administración Bush de entre el puñado de grupos musulmanes americanos de presión importantes". 

El MPAC utilizaba esta visión exagerada de su fuerza para convocar reuniones entre participantes en la "cumbre" y representantes del Departamento de Justicia, Interior y Estado. Pero mientras que el texto del Post simpatizaba con los jóvenes musulmanes que presuntamente van a alejar la dirección de su comunidad de sus predecesores, el artículo también descubría intencionadamente el grado de influencia fundamentalista presente hoy entre los musulmanes americanos.

 Las fisuras en la comunidad musulmana americana no son exclusivamente generacionales; el Post relata que la cumbre juvenil del Consejo incluía a otros e

El islam moderado y sus enemigos musulmanes lementos curiosos. Los novatos en la participación civil revelan tendencias alarmantemente radicales: "Tienen preguntas únicas para ellos y para el hoy… ¿Cuál es el conflicto entre el islam y la Constitución de los Estados Unidos? ¿Pueden mantener la credibilidad con sus colegas si colaboran demasiado con una administración que muchos musulmanes y árabes americanos perciben como hostil?” 

¿Disparidad entre el Islam y la Constitución de los Estados Unidos? ¿Desde cuándo es éste un tema para alguien, aparte de los fundamentalistas más radicales? Los musulmanes hemos florecido bajo la protección de la Constitución norteamericana durante generaciones. Establecer "un conflicto" entre los dos es abrir la puerta a la perspectiva, defendida por los defensores de la ley islámica radical, de que el Corán y la sharia son superiores como fuentes legales para América al documento fundacional de la nación. Quién sabe cuántos jóvenes del Consejo han sido adoctrinados en esta postura antiamericana y antitética con el islam tradicional. Obviamente, los suficientes para que sea motivo de controversia en el debate del Consejo. 

Pero en el centro del artículo del Post se encuentra un premio verdaderamente sorprendente: la controversia con motivo del término "musulmán moderado". Muchos musulmanes jóvenes americanos, nos cuenta, no quieren ser considerados "moderados". Para ellos, ser "un musulmán moderado" es interpretar a una especie de "Tío Tom" en la historia de la comunidad afroamericana. El relato del Washington Post también introduce un ensayo "poniendo los puntos sobre las íes" del acto del Consejo y pretendiendo explicar tal desprecio hacia "los moderados". Escrito por una estudiante universitaria del Reino Unido, Asma Jalid, y titulado "Porqué no soy musulmán moderado", este barroco ejercicio de degradación del intelecto musulmán en Occidente era reproducido por el Christian Science Monitor el 23 de abril del 2007. 

La efusividad de Asma Jalid está llena de afirmaciones arrogantes y sin demostrar. Jalid afirma, "'Moderado' implica que los musulmanes que son más ortodoxos son de alguna manera retrógrados y violentos". En realidad, el término "ortodoxia" no se utiliza en el islam tradicional o el clásico, y ni siquiera en el conservador, puesto que la religión de Mahoma, antes de la usurpación de las ciudades sagradas de La Meca y Medina por parte de la secta radical wahabí, había institucionalizado el pluralismo en la opinión teológica. Los principios "ortodoxos" en el islam, si es que existen, carecen de rigidez, pero aparentemente le son desconocidos a Asma Jalid, a pesar de sus estudios de cara a un máster en estudios islámicos en Cambridge. Aquellos interesados en examinar los principios esenciales del islam corriente son invitados a consultar un resumen definitorio de ellos, de casi 1100 años de antigüedad, conocido como Aqida al-Tahawiyya, disponible en inglés. Una de sus cláusulas de conclusión es una excelente declaración de moderación y raciocinio islámico: "El islam se encuentra entre el exceso y el quedarse corto... entre el determinismo y el libre albedrío, y entre el desprecio y la certeza”. 

En cuanto al rechazo a "moderado" como "implicación de que los musulmanes que son más ortodoxos son de alguna manera retrógrados y violentos", Asma Jalid no proporciona ninguna prueba de esta absurda afirmación, que existe exclusivamente en la mente de personas que pretenden combatir la moderación. Los musulmanes moderados nos oponemos al radicalismo de los wahabíes de financiación saudí y los chiítas radicales, porque estas variantes son destructivas para la tradición islámica. Los musulmanes moderados debaten aspectos del islam que existen de Marruecos a Malasia y desde Bosnia-Herzegovina a Botswana, y pueden buscar cambios progresistas en aspectos de la religión. Pero ellos, y no "los ortodoxos", representan a la mayoría de los creyentes y, con algunas excepciones, no combaten el islam clásico. 

Asma Jalid también se queja de que "Ser musulmán 'moderado' significa ser un 'buen' musulmán, maleable a los ojos de la sociedad occidental". ¿Significa esto que un musulmán "ortodoxo" debe ser "malo" -- de nuevo al estilo de ciertas protestas afroamericanas -- y rechazar asimilarse en las costumbres de Occidente, si ahí es donde vive? ¿O busca preservar un islamismo intransigente en el mundo musulmán? 

Tales opiniones son profundamente anti islámicas. El islam es una religión y promueve hacer el bien. ¿Por qué la buena conducta de los musulmanes estaría mal si, al oponerse a la violencia, provocan la aprobación de los occidentales? El bien es el bien, y nada más, en todas las religiones: la promoción de la paz, el respeto mutuo entre los vecinos de uno, y la dignidad personal. Además, el islam tradicional pide al inmigrante musulmán en un territorio no musulmán que adopte las costumbres del país hasta el grado en que no entre en conflicto directo con el islam -- y ningún país del mundo prohíbe la práctica de la religión musulmana ni obliga a las personas a beber alcohol o comer cerdo. Desde el punto de vista legítimo islámico, a los musulmanes se nos exige dar un ejemplo positivo de nosotros mismos y de la religión si emigramos a un país no musulmán. 

Continuando con su polémica anti-moderada, Jalid afirma, "La verdadera ortodoxia es simplemente la tentativa de suscribir religiosamente los pilares de una religión". Por tanto queda claro que Jalid carece por completo de concepción de las creencias islámicas básicas. Ningún musulmán, aparte de los musulmanes radicales, hablará de "verdadero" Islam, porque el juicio de cuál islam es "el verdadero" siempre se creyó que dependía de Alá, no de los hombres. Es el motivo de que en su período clásico, el islam suscitase un debate pluralista y desalentase las acusaciones de herejía. En dos de los hadits, o comentarios orales, más conocidos, el profeta Mahoma en persona comparaba la iluminación de los académicos musulmanes con los cuerpos celestiales en los cielos de la noche. Decía, "El símil de los académicos del conocimiento en la tierra son las estrellas en el cielo por las que uno se guía en la oscuridad de la tierra y el mar". También dijo, "mis Compañeros son equivalentes a las estrellas en el cielo; cualquiera que sea el que te indica, eres guiado, y las diferencias entre mis Compañeros son misericordia contigo”.

Además, la llamada a "la religiosidad" en el islam representa una concepción marginal. Desde la época del pensador islámico de los siglos XI y XII, Abú Hamid al-Ghazali, considerado el mayor teólogo musulmán después de Mahoma, los musulmanes hemos reconocido que las intenciones -- las creencias del corazón -- son superiores a la práctica puntual de rituales religiosos. Asma Jalid exige que se le llame "ortodoxa" y no "moderada" y tal mensaje es complacientemente satisfecho por el público occidental de medios importantes como el Christian Science Monitor, pero los argumentos planteados en su artículo antimoderado son propios de fundamentalistas, no de ninguna musulmana tradicional. 

 El deterioro del discurso musulmán es visible además cuando Asma Jalid escribe, "La iniciativa de relaciones públicas hacia el islam moderado es injuriosa para toda la comunidad internacional. Puede aliviar provisionalmente el dolor cuando atacan los presuntos extremistas islámicos". ¿Los extremistas islámicos son simplemente "presuntos"? ¿Significa esto que no existen? Jalid se entusiasma, repitiendo su tortuosa e ilógica afirmación de que el islam moderado "etiqueta e indirectamente a toda la religión del islam como violenta". Estos ejercicios de acrobacia mental se vuelven aburridos con el tiempo. ¿Cómo puede etiquetar a toda una religión la distinción de categorías entre moderados? 

Jalid quiere estar en misa y repicando, anunciando de pronto, "El término musulmán moderado es en realidad una redundancia. En la tradición islámica, el concepto de 'tercera vía' es central. Los musulmanes creen que el islam es el camino de la moderación intrínseca, wasatiyya. Este concepto es el homónimo de una organización musulmana civil británica, la Radical Middle Way". Aquí pasamos de la verdad directamente a la desinformación. Es bastante preciso decir que el Corán define el islam como búsqueda de la moderación. ¿Por qué entonces su tentativa de rechazar el término "moderado"? Pero el infame "Radical Middle Way Project”, que fue financiado por el gobierno británico, consistía en un festival itinerante en el cual "ex radicales" y demás fundamentalistas intentaban dorar la píldora del extremismo entre los jóvenes musulmanes. Un objetivo encomiable -- ¿pero por qué definirlo en términos de un título auto contradictorio como “Radical Middle”? 

Asma Jalid también se describe con exhibicionismo como “hijabi”, es decir, mujer que se cubre la cabeza. Pero el hiyab es una práctica entre aquellas que salen a la luz, no un tema para jactarse por escrito. Las ideas, incluyendo las ideas islámicas, no deben estar definidas por la vestimenta de la cabeza, sino por el contenido de la mente. 

Jalid concluye con una emocional declaración de apoyo al jeque Abdaláh Ibn Bayyah, un participante mauritano en el fraude del "Middle Way" junto con supuestos "moderados" como el famoso Tarik Ramadán y el verborreico ultra-radical reconvertido a "sufí" Hamza Yusuf Hanson. Ibn Bayyah es un mauritano de origen, pero ahora imparte clases en Arabia Saudí, el bastión del racismo wahabí, el entusiasmo por Al-Qaida, y la incitación al terror en el vecino Irak. Concluyendo una lacrimosa evocación del jeque, Asma Jalid afirma, "el jeque, no bin Laden, es el auténtico académico religioso. Pero llamarle musulmán moderado sería incorrecto". Aún así, por enfatizar, ¿cuál de los muchos académicos musulmanes moderados del norte de África hasta Indonesia eligieron ese título para sí mismos? 

Puesto que Asma Jalid, con su charlatanería sobre "ortodoxia" y "religiosidad" y su hiyab de autopromoción, recurre en busca de guía a Ibn Bayyah, mauritano de nacimiento, voy a concluir citando a Tierno Bakar, uno de los más grandes sufíes del África occidental, nacido en Malí en el siglo XX:

“La conducta que más desapruebo y por la que siento la mayor pena es la del hipócrita ridículo. Tales son los individuos que, con turbantes cuidadosamente enrollados ocho veces alrededor de sus cabezas y un [rosario sufi o tesbih] alrededor de sus cuellos, caminan con innecesaria dependencia del hombro de un discípulo y agitan un bastón que más parece un fetiche que un artículo personal de peregrino. Tal persona pronuncia la declaración de fe con más ruido que fervor, y predica con un ardor motivado por nada más que la atención inmediata. Tal individuo corrompe el espíritu y pervierte el corazón. Es un millar de veces peor que el asesino que solamente mata el cuerpo”. 

Los enemigos de la moderación islámica pueden no masacrar físicamente a musulmanes o no musulmanes, pero pueden matar el alma de una gran religión mundial.

STEPHEN SCHWARTZspan> ((Suleiman Ahmed Schwartz) es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday).