Bin Laden busca una estrategia de salida de Irak
por Stephen Schwartz
ABC
11 de septiembre de 2007
Desde el 2001, cada septiembre recordamos. Hoy, pensamos
primero en los luchadores de primera línea en Irak, americanos, iraquíes y el
resto de los miembros de la Coalición en combate, principalmente contra el
terrorismo wahabí de incitación saudí -- mal llamado "insurgencia sunita".
Pero ninguno de nosotros olvidamos el terror provocado al
mundo entero hace 6 años; la súbita aparición, después de muchos años, de una
sensación real de unidad nacional americana, y el compromiso igualmente
sorprendente de cambio en las políticas norteamericanas en Oriente Próximo. El
Presidente George W. Bush, al prometer promover la democracia en el mundo,
abandonaba del golpe la defensa del estancamiento regional que había venido
definiendo a su partido y hasta a la herencia de su familia. Pero como informaba
el Washington Post el 20 de agosto de 2007, el Presidente Bush informaba al
intelectual opositor egipcio Saad Eddin Ibrahim, “No eres el único disidente. Yo
también soy disidente en Washington. La burocracia en los Estados Unidos no
ayuda al cambio".
La intervención en Irak fue una prueba severa de la doctrina
de democratización. La solidaridad norteamericana ante el terrorismo se esfumó
casi inmediatamente. Democracia se convirtió en el término de mofa entre los
neo-aislacionistas y los creyentes del realpolitik que nos condujo al 11 de
Septiembre -- expresando un desprecio que pocos americanos del pasado habrían
imaginado escuchar siquiera. La guerra de Irak comenzó en el 2003, y a lo largo
de los 4 años posteriores los detractores del presidente repiten las mismas
acusaciones desinformativas que lanzaban entonces: principalmente, que Saddam
Hussein no tenía nada que ver con el 11 de Septiembre. Pero como he señalado
antes, la Alemania Nazi no tuvo nada que ver directamente con el ataque contra
Estados Unidos en Pearl Harbor por parte de los japoneses en 1941. Aun así, la
Alemania Nazi y el imperialismo japonés fueron aliados a la hora de oponerse al
Occidente democrático, y lo que apenas habría sido una guerra americana de
represalias contra los japoneses en el Pacífico se convirtió rápidamente en una
guerra contra el fascismo en dos océanos.
La guerra contra el islamofascismo -- un término que en su
significado actual se origina entre los musulmanes, y que alude al fascismo que
simula tener pretexto religioso, no a toda la religión del Islam como variante
del fascismo -- fue similar a la Segunda Guerra Mundial desde el 11 de
Septiembre en adelante. Responder a Al Qaeda significaba hacer frente a todos
sus aliados, colaboradores y amigos, desde los Talibanes en Afganistán y los
radicales en Pakistán hasta el esquizofrénico universo de los grupos
fundamentalistas de organización saudí en todas partes en donde viven musulmanes
sunitas -- en Occidente, pero sobre todo en Oriente. El escenario central del
enemigo siempre fue el mundo árabe, pero operaba y opera dentro de Estados
Unidos como en Gran Bretaña, su fortaleza europea, y desde los Balcanes hasta el
Asia Central exsoviética, desde Sudán al sureste de Asia. La guerra contra el
terror fue siempre una guerra mundial, aunque discutir sobre si es o no una
cuarta guerra mundial parece un desperdicio de tiempo.
El Irak de Saddam fue un eslabón destacado de la cadena de la
tiranía islámica radical que se extiende por todo Oriente Próximo. En una ironía
de la historia, Irak fue brevemente controlado en 1941 por un golpe de oficiales
Nazis, encabezados por un tal Rashid Alí, mientras Sadam en persona crecía bajo
la influencia de los nostálgicos partidarios de Rashid. Aunque Rashid Alí fue
derrocado rápidamente, la intervención del 2003 en Irak encabezada por Estados
Unidos podría verse como el arreglo con atraso de una cuenta aparcada durante
más de 6 décadas. No hubo entonces ninguna ruptura entre la Segunda Guerra
Mundial, la Guerra Fría, y la Guerra contra el Terror; 70 años del siglo pasado
y el comienzo del actual se han visto consumidos por enfrentamientos entre la
democracia y las ideologías antidemocráticas. Los futuros historiadores podrían
fusionar ambas guerras y los conflictos entre ellas en una única guerra larga,
la "guerra global".
Los enemigos de la democracia cambian de uniforme o de
vocabulario, y modifican sus tácticas, pero no alteran su carácter esencial como
gente que odia la libertad y que usurpa el poder sobre los seres humanos. Hitler
predicaba la paz mientras cometía actos de guerra; Stalin y sus sucesores
soviéticos hacían lo mismo. Ambos dictadores financiaron "movimientos
pacifistas" dentro de las democracias. Ambos afirmaban que sus acciones estaban
conducidas por la autodefensa frente a la agresión imperialista occidental; los
islamistas de hoy emplean la misma fraseología.
El fascismo creó fuertes estados nacionales como escudo
protector del poder real ostentado por el partido, igual que hizo el comunismo
soviético con su imperio multinacional. El propio estado, como institución
central moderna, comenzó a desintegrarse en el siglo XX, reemplazado por las
estructuras de la ideología. Como se predecía antes incluso de la Segunda Guerra
Mundial, las guerras entre estados pasaron a estar obsoletas, reemplazadas por
guerras entre fuerzas ideológicas exteriores disfrazadas de guerras civiles
dentro de los estados. Los ejércitos oficiales eran confrontados por ejércitos
de guerrillas y después por conspiraciones terroristas. El radicalismo entre los
musulmanes sunitas, que tiene sus raíces más importantes en el reino de Arabia
Saudí, desbordó las fronteras del país y se convirtió en un fenómeno
post-nacional.
En el sexto aniversario del 11 de Septiembre, la pregunta más
acuciante para los americanos es: ¿estamos ganando la guerra en Irak? Yo estoy
seguro de que la democracia y el pluralismo tienen ventaja ya sobre las
incursiones wahabíes y el aventurismo chiíta en Mesopotamia. Todos hemos visto
las noticias: líderes tribales sunitas que apoyaban a "la insurgencia" (un
término honorable, y por tanto inapropiado para referirse a bandas de
criminales) descubrían, tan pronto como Al-Qaeda se presentó en Irak para
"ayudarles", que el régimen impuesto por la organización de corte wahabí-Talibán
era mucho peor que la presencia encabezada por Estados Unidos. Y así los
iraquíes sunitas ahora se revuelven para apoyar al gobierno elegido
democráticamente en Irak, incluso si es en gran medida chiíta y está plagado por
el descontento interno.
¿Estamos en América más seguros de lo que estábamos antes del
11 de Septiembre? ¿Quién pensaba que esta pregunta sería respondida
inmediatamente? La exigencia de gratificación inmediata en las elecciones
personales de los occidentales se ha convertido en la exigencia de gratificación
instantánea en asuntos de vida o muerte de la escena internacional. Por
supuesto, la guerra de Irak polarizó a los jihadistas en nuestra contra; por
supuesto, los planes del enemigo se expandieron en número y alcance geográfico.
Después de que Gran Bretaña y Francia declarasen la guerra a Alemania en 1939,
los Nazis tuvieron éxito ocupando la mayor parte del continente de Europa;
después de Pearl Harbor, los japoneses invadieron y conservaron gran parte del
continente asiático. La guerra no es una solución rápida; la política da lugar a
soluciones rápidas, y la guerra es el reconocimiento de que la política ha
fracasado y de que "otros medios" (en la célebre formulación del estratega
militar Clausewitz) son necesarios.
Los recursos humanos, financieros y tecnológicos de Al Qaeda
se han reducido inmensamente desde el 11 de Septiembre: perdió su base afgana y
después se hundió en el baño de sangre iraquí, del cual está saliendo derrotada.
En lugar de un segundo Vietnam para Estados Unidos -- por comparar dos guerras
que no tienen absolutamente nada en común -- Irak podría ser una vorágine fatal
para Al Qaeda. Con la resistencia cada vez mayor de los iraquíes sunitas a
apoyar a Al Qaeda, el enemigo pretende exportar la jihad iraquí a la zona más
débil del frente occidental: Europa.
Pero como era evidente en las sucesivas conspiraciones
terroristas londinenses, así como en la más reciente incursión en Alemania, Al
Qaeda se ha visto degradada significativamente por todas partes. En lugar de
grupos entrenados a precios elevados pilotando aviones contra los edificios más
famosos de Occidente, el enemigo tiene que recurrir a fanáticos marginales que
utilizan explosivos rudimentarios. Los clichés superficiales acerca del "terror
de cosecha propia" entre los musulmanes en Occidente ignoran dos cosas. Primero,
una conspiración nunca es "de cosecha propia", léase basada en agravios locales
y organizada espontáneamente. Siempre están dirigidas desde el mismo nexo en
Pakistán y Arabia Saudí. En segundo lugar, el "movimiento terrorista" entre los
musulmanes europeos sigue estando fragmentado y siendo marginal. Sus criminales
esfuerzos exigen una captación eficaz, prevención y castigo, pero se basan en
células aisladas, no en una red con nutridas filas de voluntarios como las que
poseía Al Qaeda en el 2001. Las operaciones de células no pueden reemplazar a
los movimientos masivos a la hora de cambiar la historia.
No obstante, la contraofensiva de Al Qaeda ha debilitado al
Islam en Occidente: ha empeorado mediante la intimidación el conformismo de los
sunitas que siguen los dictados radicales de los clérigos saudíes, los radicales
paquistaníes, y los partidarios de la Hermandad Musulmana, que juntos controlan
el culto sunita en Estados Unidos y Gran Bretaña. El islam americano en
particular está espiritual, intelectual y organizativamente estancado de un modo
nunca visto antes en una religión con una presencia nueva y creciente en este
país. No está dando lugar a líderes nuevos de valor, y nadie está planteando
porqué el radicalismo fue promocionado desde las mezquitas americanas durante
tanto tiempo; no puede cambiar su idioma excepto para adoptar denuncias
ficticias del terrorismo. Los líderes del Islam americano antes del 11 de
Septiembre siguen en el cargo, re-etiquetados como "moderados".
Por último, en el sexto aniversario del 11 de Septiembre, una
opinión acerca del mensaje más reciente de Osama bin Laden en persona es de
esperar. Cada experto sobre el Islam, el terrorismo e Irak tendrá algo que decir
sobre ello. Si uno va más allá de las diatribas predecibles y superficiales
contra la hegemonía americana, el mensaje de Osama parece de pronto defensivo.
La grabación difundida a lo largo del último fin de semana se basaba
aparentemente en un discurso redactado por Adam Gadahn, o Azzam al-Amriki, el
inepto propagandista que Osama y su corte parecen haber adoptado como su
profesor mediático, quizá bajo la premisa equivocada de que todos los americanos
son diestros manejando los medios. Pero la cinta es un refrito de patinazos
históricos, barrocas alegaciones y añadido de nombres para quedar bien, además
de analfabeta en repeticiones de mensajes previos. Al leer la transcripción es
posible creer que Osama bin Laden se sienta de verdad y lee a Noam Chomsky o que
está obsesionado con Richard Perle, o que imagina lo qué significa para él
aprobar los panfletos anti-judíos de Michael Scheuer, el “antiguo experto de Al
Qaeda para la CIA". (Scheuer no debe estar contento).
Estos recortes de la cinta de Osama fueron obviamente
cortados y pegados de Internet y reunidos a través de golpes de efecto
"inteligentes", como el llamamiento a que los americanos se conviertan al Islam,
además de quejas acerca de los impuestos y la ineficacia de los Demócratas. La
agresiva y antigua formulación islámica típica de los discursos de bin Laden
ahora brilla por su ausencia. También la rabia. El tono es de agotamiento, no de
regocijo en la jihad.
Como musulmán, estoy seguro, 6 años después del 11 de
Septiembre, de que Al Qaeda está perdiendo estrepitosamente en Irak, y que
mientras George W. Bush persevere en la promesa que hizo de materializar el
compromiso democrático de América, bin Laden busca una estrategia de salida de
Irak. Los medios occidentales de referencia lo entienden al revés; nosotros
estamos ganando, el enemigo está perdiendo, la guerra era inevitable y fue
honrosa. Y los inocentes asesinados el 11 de Septiembre serán redimidos por
entero.