Instituto Intifada

por Stephen Schwartz

 

Hasta hace poco tiempo, la ciudad de Nueva York había sido pionera en educación pública elemental y secundaria en dos sentidos -- uno bueno y otro malo. Estuvo entre los primeros distritos escolares metropolitanos en modificar la separación entre centros académicos y laborales, y en introducir institutos concebidos para preparar a los estudiantes para las profesiones técnicas en ciencias y letras, a través de planes de estudio especializados.

 

En los años 60, los centros de Nueva York obtuvieron una notoriedad indeseable. En los estados del sur, los padres afroamericanos y los progresistas blancos protestaban contra la segregación racial. Pero Nueva York, donde el nacionalismo negro experimentaba una avalancha de apoyos, estallaba la confrontación cuando las escuelas de vecindarios de mayoría negra se labraban una reputación por enseñar propaganda anti-blancos. Los padres negros de la ciudad, al parecer, querían lo diametralmente opuesto a sus homólogos del sur -- más segregación entre comunidades raciales, no menos.

 

En febrero de 1968, la controversia se disparó cuando el centro 201 al Este de Harlem celebraba una ceremonia en recuerdo del nacionalista negro asesinado Malcolm X. La presentación en el centro fue protagonizada por el poeta Amiri Baraka. Herman Ferguson, asistente afroamericano del director, utilizó la ceremonia del centro 201 para llamar a las armas a los negros contra los blancos y levantar "la veda". Ferguson había sido suspendido de su puesto en una escuela pública de Queens el verano anterior bajo alegaciones de haber conspirado para asesinar a líderes negros moderados. Pero se había convertido en asesor pagado de la junta del centro 201 bajo una concesión de la Fundación Ford.

 

Entonces, en mayo de 1968, la junta rectora del distrito escolar de Ocean Hill-Brownsville de Brooklyn, que tenía mayoría afroamericana, ordenó el despido de 13 profesores y seis miembros del personal. El personal despedido rehusó abandonar su puesto de trabajo. Uno de ellos era Fred Nauman, un profesor de ciencias del Instituto 271. Enseguida se lanzó la acusación de que Nauman y los demás habían sido despedidos exclusivamente a causa de su raza blanca. Los miembros de un sindicato combativo, la Federación Sindical de Profesores, salieron a la palestra en solidaridad con los profesores despedidos, en otros ocho centros del distrito. Manifestaciones y disturbios hicieron de 1968 un año de inquietud casi permanente en las escuelas de Nueva York. Muchos observadores han argumentado que la lucha por el espacio escolar cambió para siempre la ciudad de Nueva York.

 

Las manifestaciones y el resto de expresiones de descontento han vuelto al sistema escolar de la ciudad de Nueva York en un contexto que puede parecer distinto al de aquellas batallas de los años 60, pero que en muchos sentidos representa una extensión de ellas. A comienzos de este año, el Departamento de Educación de Nueva York anunciaba que iba a establecer una nueva escuela secundaria, la Academia Internacional Jalil Gibrán, bautizada en honor al famoso autor y artista cristiano libanés. El portavoz del Departamento David Cantor describía el plan de estudios del centro como idéntico al del resto del sistema de la ciudad de Nueva York, pero estaba claro que se iba a concentrar en "estudios de Oriente Medio" - que probablemente es el término más cargado emocionalmente del vocabulario educacional e intelectual americano. ¿Exactamente qué estudios de Oriente Medio se iban a impartir, y cómo?

 

El centro Gibrán fue entendido como unas instalaciones especiales para estudiantes de procedencia árabe o musulmana, es decir, el retorno de la tendencia divisoria vista entre los afroamericanos durante los años 60. La distinguida experta en educación Diane Ravitch fue de las primeras en advertir contra este enfoque, comentando, "No es tarea de la escuela pública enseñar su historia a cada uno de los grupos étnicos". "Ciertamente, las escuelas superiores en general deberían enseñar a árabe junto a los demás lenguajes, y deberían enseñar la historia de Oriente Medio igual que enseñan la historia del mundo. Pero montar centros separados para enseñar sin críticas una [versión de la] historia y una cultura es la abdicación del principio básico detrás de la educación pública".

 

El debate por la escuela se precipitó como se precipitan las cosas en Nueva York -- y por aplicar un antiguo cliché, produjeron más ruido que nueces. Debbie Almontaser, fundadora y directora proyectada del centro, dimitía a comienzos de agosto después de que los medios revelasen una conexión entre ella y la venta de camisetas que promueven la "intifada". Aunque muchos otros temas quedaban pendientes en segundo plano, este incidente define por sí solo los riesgos de establecer institutos "de estudios de Oriente Medio" con financiación pública. Almontaser defendió sus camisetas de una manera destacadamente falsa, comentando, "La palabra [intifada] significa básicamente 'sacudirse'. Ésa es la palabra raíz si usted la busca en árabe. Comprendo que esté desarrollando una connotación negativa debido al levantamiento en las zonas palestino israelíes. No creo que la intención sea tener nada de ese tipo [de violencia] en la ciudad de Nueva York. Creo que en gran medida es una oportunidad para que las niñas que expresen que forman parte de la ciudad de Nueva York... y que se sacuden la opresión“.

 

Un enfoque tan retorcido sobre un tema que la mayor parte del público norteamericano ve de una manera mucho más simple y mucho menos benevolente no impulsa el debate sobre Oriente Medio; pero era incuestionable que una definición arcaica de "intifada" no serviría en la ciudad de Nueva York. Almontaser fue obligada enseguida a renunciar al puesto, y después a dimitir de su cargo escolar en el centro. Al principio no hubo casi reacción. La escuela Gibrán, al margen del rechazo por su orientación "de Oriente Medio", presuntamente tenía matriculados más estudiantes afroamericanos interesados en el árabe que árabes u otros estudiantes de Oriente Próximo -- incluso si algunas noticias sugerían que el centro podría ser un santuario para estudiantes musulmanes objeto de discriminación.

 

Y ahora las manifestaciones han empezado a exigir la reinstauración de Almontaser. El New York Times del 21 de agosto difundía que un tumulto de 200 personas se había presentado ante la oficina del Departamento de Educación gritando "¡Devolved a Debbie!" Mientras tanto, el Departamento sigue comprometido a abrir el centro para otoño.

 

Como musulmán moderado, encuentro varias cosas que no encajan con el enfoque del Departamento al concebir un instituto público especial para estudios de Oriente Medio. La educación pública debería unir en lugar de dividir, y ya examine uno el modelo segregacionista sureño de antes de los años 50 o los disturbios de Ocean Hill-Brownsville de la década radical que siguió, está claro que a los jóvenes no se les atiende mediante la polarización étnica o la politización de la educación básica. Muchas preguntas surgen a propósito aquí: América necesita oradores fluidos en árabe, farsi, y los demás idiomas practicados entre musulmanes; ¿pero cómo puede llevarse a cabo tal educación sin enredarse en temas políticos árabe israelíes o iraníes? ¿Puede un centro escolar que aparentemente está orientado a los que hablan árabe evitar la implicación en principios islámicos -- y la inyección de religión en el espacio secular?

 

Un detalle menor pero revelador en el conflicto de la escuela Gibrán implica la solicitud de Debbie Almontaser de que la cafetería de la escuela sirva comidas halal en cumplimiento de las normas islámicas alimentarias. Cualquier musulmán moderado preguntará el motivo de que un centro bautizado en honor a un cristiano tenga que incluir un menú halal para sus estudiantes. Nadie sabe cuál será el destino de este proyecto pobremente concebido, pero si busca un ejemplo de una tentativa más ambiciosa y mayor de un plan parecido, puede recurrir a la propuesta del Consejo Musulmán de Gran Bretaña de transformar la escuela pública británica en interés de "la sensibilidad" hacia los estudiantes musulmanes. El plan del Centro pedía que tanto los estudiantes no musulmanes como los musulmanes fueran aleccionados en cumplimiento de las fiestas islámicas, en un extraordinario inventario de "sugerencias" que en realidad se resume en la introducción del islam como pilar de la educación estatal británica. Grandes dudas implican si tratar el islam es religión, que no debe impartirse como tal en la escuela pública americana, o cultura, la cual presumiblemente se estudiaría en las mismas escuelas. El islam es tanto religión como cultura, pero una religión sobre todo, y los musulmanes son fieles religiosos que no deben ser definidos principalmente como minoría cuasi-étnica merecedora de instalaciones especiales y protecciones en Occidente.

 

Por enfatizar, más expertos, mejor formados en idiomas, culturas y costumbres religiosas del mundo islámico, son necesarios en Occidente. En la práctica, la calidad educativa también necesita una mejora radical en los territorios musulmanes. Pero primero, en las instituciones de financiación pública que impartan estudios de Oriente Medio, los métodos educativos en materias tales como el árabe tienen que ser privados del nacionalismo árabe, del islam radical, del hostigamiento a los judíos, del antiamericanismo, y de nociones similares que se han encajado en los estudios de Oriente Medio, idiomas incluidos. Esta no será una tarea fácil. Los intereses étnicos y religiosos no deben definir el plan de estudio de la escuela pública. A este respecto, los musulmanes genuinamente moderados pueden hacer una contribución significativa al bienestar de América ayudando a desarrollar materiales de estudio de mejor calidad.

 

En segundo lugar, la ciudad de Nueva York debería haber aprendido en los años 60 lo peligroso que es "inspirar" y por lo demás improvisar soluciones a estos problemas. Y finalmente, por enfatizar de nuevo, los jóvenes no deben convertirse en víctimas de la demagogia política o el cruce de acusaciones cuando simplemente intentan finalizar su educación básica. Éstos son temas de sentido común en los que las personas de buenas intenciones de todas las religiones deberían ser capaces de ponerse de acuerdo.

 

STEPHEN SCHWARTZ (Suleiman Ahmed Schwartz) es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday).