Las elecciones turcas llegan a Berlín: el nuevo look de Al
Qaeda
por Stephen Schwartz
LA DESARTICULACIÓN DE UN COMPLOT terrorista islamista esta
semana en Alemania es significativa por diversas razones que podrían no ser
obvias partiendo de los titulares.
La primera razón es la implicación de un individuo de
procedencia étnica turca. El martes, la policía del estado alemán del
Rin-Westfalia detenía a 3 hombres, identificados como un turco y dos conversos
alemanes al islam (según las leyes judiciales alemanas, sus nombres completos no
deben ser revelados). Mientras que la actividad de los conversos en el
terrorismo no es algo nuevo, la comunidad turca en Alemania hasta la fecha ha
estado libre de la plaga del extremismo religioso. Los inmigrantes kurdos y
turcos en Alemania y su descendencia se han visto atraídos al radicalismo
nacionalista, pero raramente al fundamentalismo islámico. En general buscan
encontrar, y tienen éxito encontrando, un lugar en la sociedad alemana.
El jueves 6 de septiembre, las autoridades germanas estaban
aún buscando a alrededor de 10 sospechosos, descritos como una mezcla de
alemanes, turcos y otros. Esta vinculación turca es problemática a la luz de la
reciente elección del partido religioso sunita Justicia y Desarrollo (AK) en
Turquía. Los musulmanes alemanes turcos y kurdos vienen describiendo la
infiltración en sus comunidades de fundamentalistas "moderados" desde que los
partidos religiosos emergieran como fuerza política seria en Turquía hace más de
20 años. De igual manera, los musulmanes moderados de las zonas colindantes con
Turquía y vinculadas culturalmente, los Balcanes y Asia Central, advierten ya de
que islamistas turcos, en lugar de islamistas árabes, están empezando a repartir
dinero y establecer redes en sus regiones.
El segundo detalle llamativo es el parecido del
complot alemán con la conspiración de Londres-Glasgow de finales de junio. En
ambos casos, coches bomba llenos de peróxido de hidrógeno iban a destinarse
contra aeropuertos importantes. Esto puede indicar una decisión estratégica por
parte de Al-Qaeda de utilizar métodos rudimentarios para mutilar el transporte
aéreo occidental. Cuando la historia de la guerra contra el terror se escriba
por fin, podría resultar que el objetivo principal de Al Qaeda es consistente.
Repetidamente atenta contra líneas aéreas y aeropuertos en calidad de uno de los
objetivos más ricos económicamente -- con efecto catastrófico para el sector
empresarial global, como hemos descubierto. Los sistemas de transporte público
terrestre, como en Madrid en el 2004 o en Londres en el 2005, son aún más
vulnerables, pero la dislocación social provocada por los ataques contra esto
tiene corta duración.
Al Qaeda está perdiendo la guerra en Irak. Su fanática
dedicación al takfir -- la expulsión de la religión y el asesinato salvaje de
los musulmanes que no están de acuerdo -- de corte wahabí ha alienado a muchos
sunitas que antes combatían contra la Coalición encabezada por Estados Unidos y
el gobierno iraquí. Mientras los iraquíes sunitas cambian de bando a nuestro
favor, Al Qaeda está enfrascada en transferir el campo de batalla jihadista a
Europa, que es el escenario más conveniente, más cercano y más vulnerable.
La Unión Europea no ha formulado aún una estrategia común
anti-terror eficaz. La autoridad federal europea está fragmentada y es objeto de
caprichos políticos locales -- como se vio con la apresurada retirada de los
españoles de Irak tras los horrores del tren madrileño. Las diferencias como esa
en el pasado entre los musulmanes kurdos, típicamente seculares, y los
musulmanes kurdos en Alemania, los distintos grupos de musulmanes árabes y
africanos en Francia, y los musulmanes radicales procedentes de Pakistán y La
India en el Reino Unido también vienen obstruyendo la respuesta común de la
Unión.
Si existe una trampa particular a evitarse a cualquier precio
al extraer lecciones del complot alemán es la de aplicar clichés cada vez más
comunes acerca del "terrorismo de cosecha propia". La conspiración alemana ya ha
sido remontada hasta un grupo uzbeko, la Unión de la Jihad Islámica, que
controla centros de entrenamiento en Pakistán. No hay suficientes uzbecos y ni
siquiera turcos o pakistaníes suficientes en Alemania para sostener una red
islamista radical "de cosecha propia" entre ellos, y en cuanto a los alemanes de
origen turco, como indicaba, el fenómeno es nuevo y es importado. En Alemania,
al menos, el terrorismo no es "de cosecha propia" con claridad -- es una
importación exótica, apoyada a través de dinero extranjero.
El grupo que supuestamente dio lugar a la Unión de la Jihad
Islámica es el Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), el cual nunca puso un
pie en esa antigua república ex soviética, pero reclutaba uzbecos para combatir
en la jihad de Tajikistan y, tras el 11 de Septiembre, en Afganistán. El
Movimiento fue barrido en Afganistán, pero algunos de sus miembros huyeron a
Pakistán. Al pretender exportar el frente de Irak a Europa, Al Qaeda parece
estar intentando aunar cualquier fuerza de la que dispone, dondequiera que pueda
encontrarse, y enviarla a Occidente. Su núcleo saudí original quedó herido de
gravedad como consecuencia del 11 de Septiembre, y sus sucesores se encuentran
ocupados aún en Irak.
Al margen de la vigilancia de las autoridades alemanas, que
Al Qaeda esté rascando el fondo de sus posibilidades en busca de colectivos
terroristas son buenas noticias, porque demuestra que sus filas en todo el mundo
no se están viendo abastecidas, incluso si los frentes abiertos pueden
incrementarse en distribución geográfica. La dependencia del armamento
rudimentario basado en productos químicos corrientes es prueba de que Al Qaeda
estaría también agotando su capital financiero y tecnológico.
Lo peor a observarse del caso alemán es la ubicación de
campamentos de entrenamiento del terror de la organización uzbeka en Afganistán.
¿Cuándo va el gobierno de Pervez Musharraf a poner fin al acomodo con los
radicales?
STEPHEN SCHWARTZ (Suleiman
Ahmed Schwartz) es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de
Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus
subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam:
fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday).