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Obama y Roosevelt
por Pablo Pardo http://www.islamicpluralism.org/964/obama-y-roosevelt HOMBRE DEL AÑO 2008 / BARACK OBAMA LA HERENCIA DEL 'NEW DEAL' Al igual que el hombre que salvó a EEUU del colapso económico en los años 30, el nuevo presidente se hace cargo de una nación decepcionada con el fallo de sus instituciones. Su mayor reto es salvarla de los signos de decadencia 2 - OBAMA COMO ROOSEVELT Diez kilómetros. Esa era la longitud del desfile que saludó la jura de la Presidencia de Estados Unidos por Franklin Delano Roosevelt el 4 de marzo de 1933. El recién nombrado presidente adoraba esos actos, y no disimuló su entusiasmo ante la interminable procesión, que abarcaba «desde una delegación de jefes indios conquistados hasta medio centenar de graduados de Harvard», según explicaba The New York Times al día siguiente. Las más de 100.000 personas presentes, entre las que había una nutrida representación de estrellas de Hollywood, tampoco mostraron signos de cansancio, a pesar de los cinco grados de aquel día en Washington, en el que el sol apenas pudo romper unas pocas veces la capa de nubes que recubría la capital de Estados Unidos. Pero, de las 35.000 personas que desfilaron, sólo cuatro dejaron huella indeleble entre los asistentes. Eran cuatro hombres de raza negra, cuyos nombres no han sido registrados por los historiadores, que avanzaban en formación manejando cortadoras de césped. Su significado era una bofetada sutil al presidente saliente y rival de Roosevelt en las elecciones, Herbert Hoover, que afirmó en campaña que, si ganaba el candidato demócrata, «la hierba crecería en las calles». La hierba no creció en las calles bajo el mandato de Franklin Delano Roosevelt o, como se le conoce en EEUU, FDR. Al contrario, el país salió de sus 12 años de mandato transformado y reforzado hasta el punto de ostentar el título de primera potencia mundial, que no ha abandonado desde entonces. Según explica el historiador de la Universidad Marshall Jean Edward Smith en su monumental biografía FDR, hay «tres presidentes que dominan la Historia estadounidense: George Washington, que fundó el país; Abraham Lincoln, que lo preservó; y Franklin Delano Roosevelt, que lo rescató del colapso económico y lo guió a la victoria en la mayor guerra de todos los tiempos». Pero hay cosas que cambian con mucha dificultad. Cuando Roosevelt murió en la Casa Blanca de una hemorragia cerebral, los negros seguían siendo los que cortaban el césped en Estados Unidos. Casi 75 años después, Washington se prepara para una fiesta todavía más grande. Entre uno y cuatro millones de personas van a acudir a la inauguración de la Presidencia de Barack Obama, el 20 de enero. Entre ellos, una lista interminable de celebridades de Hollywood, que van desde el director de Regreso al Futuro, Robert Zemeckis, hasta la hija del creador de los teleñecos, Lisa Henson.La coronación como presidente de Roosevelt costó 100.000 dólares de la época, que hoy serían 1,1 millones de euros. Para la de Obama, sólo el financiero George Soros y su familia han donado ya 185.000 euros. Acaso la única diferencia es que esta vez, en lugar de manejar una cortadora de césped, el hombre negro será el presidente.Esta vez, los afroamericanos no van a ser la nota de color. Acaso sea la mayor diferencia entre el clima político, económico y social de EEUU el 4 de marzo de 1933 y el 20 de enero de 2009.Porque hoy la primera economía mundial afronta la mayor recesión desde, precisamente, la era de Roosevelt. El sistema bancario, como entonces, está en quiebra. El país siente que sus instituciones -políticas, económicas y de seguridad nacional- no sólo le han fallado, sino que incluso le han estafado. Igual que en 1933.Aunque con ciertas diferencias. Hoy, la tasa de paro en EEUU no llega a la tercera parte de la que había cuando FDR juró el cargo. Y, si bien es cierto que el consumo privado se ha desplomado un 4,2% en el último año, no lo es menos que entre 1929 y 1933, el gasto de las familias estadounidenses en el bien más básico imaginable, la comida, se había hundido un escalofriante 46%. De hecho, EEUU vive hoy marcado por dos situaciones que muchos ciudadanos juzgaban inevitables: la llegada de un negro a la Casa Blanca y la suspensión de pagos de General Motors. Lo primero sucederá en tres semanas. Lo segundo puede producirse en cualquier momento. La crisis de General Motors simboliza el reto de Obama: salvar a EEUU y preservar su fuerza económica, que es la clave de su poder político en el mundo. Y eso exige modernizar el legado de Roosevelt. Un legado que el Partido Republicano ha tratado de destruir desde la llegada al poder de Ronald Reagan en 1980 y que, paradójicamente, ha acabado por ser el salvavidas político del presidente que más ha hecho por aniquilar la herencia de Roosevelt: George W.Bush. Cuando éste admitió el pasado 16 de diciembre que ha tenido que «abandonar los principios del sistema de libre mercado para salvar el libre mercado», reconocía que el legado rooseveltiano es indestructible, porque es necesario. Pero Obama no puede, ni quiere, reinventar EEUU y romper con el pasado como lo hizo Roosevelt. Eso es imposible. El New Deal (literalmente, Nuevo Trato) de Roosevelt fue una amalgama de políticas basadas en incrementar el peso del Estado en la economía, siguiendo las teorías del economista británico John Maynard Keynes, y de armonizar la actuación de los agentes sociales. Para ello, el presidente jugó muchas bazas. Aunque hoy es una herejía afirmarlo, el llamado primer New Deal, lanzado justo después de su jura del cargo, tenía elementos del fascismo italiano, con su búsqueda de la cooperación entre sindicatos y empresas. El segundo New Deal, que llegó en 1936, tenía clara influencia socialista, al promover la afiliación obligatoria a los sindicatos y lanzar una masiva oleada de obras públicas para industrializar desde arriba. Obama, con su plan de inversiones masivas en infraestructuras, propone un pequeño New Deal. Pero el país que va a gobernar es muy diferente del que heredó FDR hace casi 75 años. «En 1932, había miedo. Miedo a un golpe de Estado militar, miedo a un golpe de Estado fascista, miedo a una revolución comunista. Las huelgas eran violentas. Y la represión, brutal. La empresa automovilística Ford estaba literalmente asesinando a sindicalistas. Hoy eso no sucede», explica el historiador Stephen Schwartz, un buen conocedor del movimiento sindical de los años 30. Esa afirmación no es exagerada. En época de FDR, el populista gobernador de Luisiana, Huey Long, alardeaba de llevar encima «siempre un revólver; a veces, cuatro». El escritor Upton Sinclair logró, con un programa inspirado en el socialismo soviético, el 37% de los votos en las elecciones a gobernador en California.El general de los marines Smedley Butler fue contactado por empresarios de Nueva York para dar un golpe de Estado. Hoy, EEUU es diferente. Los retos de Obama son menores que los de FDR, aunque similares. Al menos en política doméstica. Cuando se observa la situación mundial, las cosas son diferentes. FDR pudo permitirse el lujo de ignorar al resto del mundo hasta que éste se le echó encima en el ataque japonés a Pearl Harbor. Obama, sin embargo, debe en parte su presidencia a una guerra impopular, en Irak, y vive en un mundo globalizado en el que el aislacionismo no es una posibilidad. Los dos comparten, sin embargo, un estilo. Roosevelt era un político formidable en campaña. Igual que Obama. Y ambos han destacado por un uso de la tecnología que ha dejado fuera de juego a sus rivales. FDR descubrió el potencial de la radio con sus 27 charlas junto a la chimenea, en las que se dirigió al país en unas operaciones propagandísticas tan sofisticadas que el presidente se sentaba en la Casa Blanca en una butaca al lado de la chimenea junto a un grupo de ciudadanos a quienes se les llegaba a pedir que, para actuar de forma natural, hicieran calceta o leyeran el periódico.Igualmente formidable fue su uso de documentales -predecesores del No-Do español- que se proyectaban en los cines antes del inicio de las películas y algunos de los cuales, como Los Arados que rompieron la tierra -sobre las sequías en el Oeste- o El río -sobre el plan de presas para controlar las riadas del Misisipí- son obras maestras. Tres cuartos de siglo más tarde, Obama ha hecho algo parecido al explotar los SMS, la ropa con su logo y, sobre todo, internet.El, al igual que Roosevelt, ha utilizado la tecnología para lograr el objetivo de la propaganda: que el votante sienta que el candidato le habla a él. Así fue como Obama y Roosevelt llegaron al poder. Queda ahora por ver si las similitudes van a continuar en su estilo de gobierno.El caótico gabinete de Obama, cuya composición nadie se explica -en él está desde su mayor rival demócrata, Hillary Clinton, hasta destacados republicanos- recuerda al de Rosevelt que, con su interminable serie de colaboradores, hizo que «cada alto cargo fuera dependiente del apoyo de la Casa Blanca, con lo que el presidente se convirtió en el aliado que todos necesitaban», como explica el historiador James Gregor Burns en su obra maestra Roosevelt: The Lion and the Fox. Por ahora, es imposible saber si el estilo de gobierno de Obama será como el de Roosevelt. De hecho, las diferencias de personalidad entre ambos no podrían ser mayores. Roosevelt era un patricio, primo de otro presidente, que estuvo casi desde la cuna destinado a ejercer cargos de responsabilidad. Obama es un novicio en la política nacional, sin apenas experiencia y, en el fondo, sin identidad: es un negro, pero hijo de un africano, no de un estadounidense, que habla como los blancos y que ha hecho de la ambigüedad su bandera. Roosevelt fue un hombre de una época en la que había alternativas ideológicas claras y amenazadoras al capitalismo. Obama, un representante de la Generación X, inclasificable personal e ideológicamente. FDR ganó su estatura histórica por lo que hizo en sus 12 años en la Casa Blanca: reinventar EEUU y sentar las bases para un nuevo mundo. Obama la ha obtenido antes de llegar a la Casa Blanca y sólo por ser presidente. Pero desde ahora la Historia le juzgará frente a la gigantesca figura de Roosevelt y no, como hasta ahora, frente a la de los cuatro anónimos hombres negros que desfilaron con sus cortadoras de césped el 4 de marzo de 1933. APOYO DOS PRAGMATICOS EN CUESTIONES SOCIALES Una de las mayores diferencias entre FDR y Obama es la cuestión racial. Roosevelt no hizo el más mínimo esfuerzo por romper las barreras del racismo en EEUU. Fue un acto de frialdad política.El presidente sabía que, si avanzaba en esa dirección, el Partido Demócrata se fracturaría y el sur se iría con los republicanos. Puede ser una actitud similar a la de Obama, muy frío con respecto al matrimonio homosexual, al contrario que, por ejemplo, Hillary Clinton, y otros líderes demócratas. A cambio, sin embargo, FDR sí abrió el Gobierno a dos grupos tradicionalmente discriminados en la política de EEUU: los judíos y las mujeres. receive the latest by email: subscribe to the free center for islamic pluralism mailing list Note: The content of external articles does not necessarily reflect the views of Center for Islamic Pluralism. |
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